lunes, 7 de junio de 2010

DERECHOS, LIBERTADES Y PUERTAS

En el estado de derecho en el que estamos la curiosidad me embarga y mi pensamiento me conduce una vez más por derroteros que tal vez sea mejor dejarlos estar, o tal vez no. En este momento cualquier lector contempla incrédulo una cantidad aberrante de letras que carecen de sentido para él y seguramente para cualquier persona sobre la faz del universo.

Hablo de la curiosidad que se atisba al contemplar actos de conducta inadmisible, que son tolerados por la sociedad en la que vivimos como si fueran ley de vida. Actos en este caso que tienen que ver con eso que ocurre cada noche en los bares, discotecas, clubes, bares lounge y como lo quieran llamar. El comportamiento de los señores encargados de la seguridad, o más bien de la inseguridad de estos negocios.

Criaturas que parecen sacadas de una novela de Tolkien salvaguardan con la imposición del terror la integridad física que ellos mismos amenazan. La declaración universal de los Derechos Humanos dice algo así como que todo ser humano tiene derecho a la integridad física, también nombra el derecho a no ser tratado de forma degradante. Tal vez les pasaron una copia a los porteros de “Balcón de Rosales” pero debe ser que no lo leyeron bien, porque ellos entendieron que tenían derecho a cometer homicidios al ejercer sus funciones.

Aunque sé que describo una obviedad, creo que es necesario replantear el hecho de que cada fin de semana miles de adolescentes se acercan, entran y consumen bebidas alcohólicas en locales que regentan siniestros individuos que si bien podrían haber formado parte de las SS, son sin embargo los guardianes ilegales ( y digo ilegales porque muchos no están dados de alta) violentos y prepotentes que intimidan y tratan de manera vejatoria a las mujeres, de manera agresiva a los jóvenes y que cuentan con cientos de kilogramos de músculo para respaldar sus ideas.

¿Debemos someternos a esta ley no escrita de que el portero de la discoteca no debe atender a la ley?, tal vez sea así, hasta tal punto que la sociedad no está dispuesta a boicotearlos, ni si quiera a alzar la voz para defender sus derechos. Para muestra un botón. Hace relativamente poco tiempo me encontré de fiesta en Granada, lugar donde nací y que amo profundamente. Allí fui a una discoteca llamada “Mae West”, pues en este lugar ante la negativa a entrar ( cosa que nunca me había pasado en este local) es una norma no escrita que no se debe preguntar el motivo, porque te expones a recibir una paliza de parte de un agente encargado de que en tu furia por la in admisión, mates a algún cliente, o tal vez pegan por gusto. No puedes denunciarlos porque cambian de local semanalmente, por supuesto la policía no está dispuesta a mancharse la camisa por la seguridad ciudadana, no se podía esperar menos.


No se si se debe establecer un tipo penal más concreto para los actos de violencia cometidos por estos señores, es más, puede ser menester investigar la casuística en este campo, y ver a cuantas personas que jamás habían tenido un altercado, de repente al llegar a la puerta de una discoteca se convierten en espumosos agresivos y delincuentes que los señores de la puerta no tienen más remedio que reducir a golpes. Ciertamente el miedo que me cala el hueso es el de imaginar que hay menores que cada noche acuden a estos locales para intentar entrar y se exponen a este tipo de violencia, que pasará con estos cuando sean víctimas de un abuso similar?. No se han tomado medidas, puede que la necesidad sea coger a un policía que haga ronda por estos lugar los viernes, tal vez sea necesario una agilización para las denuncias a estos señores de la guerra nocturna. Creo que se merece una reflexión concreta, gracias al azar yo nunca tuve un altercado y me siento con suerte, pero no todos la tienen, sin embargo se puede elegir todos lo sabemos.

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